MADRID, PRELUDIO DE STALINGRADO

Rest.Madrid1“¡¡PADRE!! ¡¡SON LOS RUSOS!! ¡¡VIVAN LOS RUSOS!! ¡¡VIVA RUSIA!! ¡¡VIVA STALIN!!” Juan tiene 11 años y voltea emocionado su gorra de pana sobre su cabeza saludando a los brigadistas alemanes, austriacos y polacos que desfilan por la madrileña calle de Carretas en dirección a la Casa De Campo y Ciudad Universitaria. Es el 8 de noviembre de 1936 y este simple gesto cambiaría la suerte de Madrid y el curso de la guerra civil española.

Hasta ese día, Madrid era una ciudad desmoralizada y perdida. El gobierno acababa de abandonar la ciudad para instalarse en Valencia, la joven e inexperta Junta de Defensa de Madrid (“la guardia infantil de Miaja”) tardó en tomar el control de la situación y los anarquistas celebraban un Madrid sin gobierno y el PCE se organizaba en comités locales que aseguraran el orden en medio de una ciudad asediada, Pasionaria llamaba sin descanso a la resistencia en mítines multitudinarios, en los cines se proyectaban películas sobre la guerra civil rusa como Los marineros del Kronstadt o El acorazado Potemkim en un intento de subir el ánimo a la población madrileña, amenazada desde primeros de octubre por 4 columnas fascistas y una quinta, dentro de la propia ciudad, que según Queipo De Llano sería la que tomaría Madrid. El optimismo entre los generales golpistas era tal que Mola aseguró que el 12 de octubre, día de la raza, tomaría café en una terraza de la Gran Vía. Franco daba por segura la caídRest.Mdrid2a rápida de Madrid y permitió una vía de escape por la carretera de Valencia, algo que lamentaría amargamente durante toda la guerra. En el ABC de Sevilla se publicó que “estamos a 4 pesetas en taxi de Madrid” y la prensa internacional daba por hecha la caída de la ciudad hasta el punto de que se enviaron crónicas describiendo el desfile de la Victoria de Franco por Madrid montado en un caballo blanco. En la sede del Gobierno en Madrid incluso se recibieron telegramas de los gobiernos de El Salvador y Guatemala felicitando a Franco por su victoria. La Quinta Columna ya tenía organizados tribunales de guerra, tenía orden de detener a los rojos y de organizar una misa en Madrid con la presencia del General Franco.

Uno de los principales motivos de que finalmente Madrid se salvara fue la ayuda recibida desde la Unión Soviética y la Internacional Comunista. Ya el 28 de julio el gobierno republicano solicitó formalmente ayuda militar a la URSS, ayuda que se comenzó a materializar en septiembre con el primer envío de carros de combata T-26, cazas P-15 y P-16, y demás armamento ligero. resmadrid6A pesar de las declaraciones del representante soviético ante el comité de no intervención diciendo que la Unión Soviética no se sentía más ligada a los acuerdos de lo que pudieran sentirse Italia, Alemania o Portugal, los buques soviéticos partían de los puertos de Crimea en dirección a Cartagena, eran camuflados en alguna isla griega (se les añadían chimeneas falsas, se pintaban e incluso se vestía a los soldados como turistas que paseaban por cubierta con cámaras de fotos) y bordeaban la costa africana para sortear el embargo internacional a la República y a los submarinos italianos que controlaban el Mediterráneo Central. Los oficiales soviéticos tenían orden de no adentrarse en las líneas enemigas a fin de no ser descubiertos. Los primeros buques soviéticos, el Campeche y el Komsomol, llegaron a Cartagena el 4 y el 12 de octubre respectivamente, justo a tiempo de que el cargamento que transportaban fueran decisivos en la inminente batalla por Madrid. Por su parte, la Internacional Comunista ya se planteó a finales de agosto la necesidad de enviar ayuda a España aunque fuera en forma de contrabando y a mediados de septiembre dictó una resolución en la que instaba al “reclutamiento, entre los obreros de todos los países, de voluntarios con experiencia militar, con el fin de su envío a España” Los primeros brigadistas que desfilaron por Madrid el 8 de noviembre fueron vistos como un cuerpo militar de élite en un formidable ejercicio de propaganda que llenó de moral el corazón de los madrileños (Eduardo De Guzmán, periodista de la CNT escribió: “la llegada de las brigadas internacionales nos asombró a todos y aquella, la XI, era la mejor de todas, eran revolucionarios que luchaban magníficamente”) aunque en realidad habían recibido una acelerada instrucción en Albacete. restmadrid7Pocos de ellos habían manejado antes un fusil y salvo un puñado de veteranos de la I Guerra Mundial ninguno había intercambiado fuego con el enemigo. La salvación de Madrid también fue fruto de la casualidad o de la suerte: Miaja había desplegado sus tropas a lo largo del arco descrito por el río Manzanares desde Ciudad Universitaria, Casa de Campo, Carabancheles, Villaverde y Vallecas pero el día 7 de Noviembre, un día antes del comienzo de los ataques, un grupo de milicianos registraba el cadáver del capitán sublevado Vidal-Quadras en el llamado “vértice basurero” entre Villaverde y Carabanchel encontrando en su guerrera las órdenes de operaciones de Varela emitidas el día anterior en las que se podía leer “Atacar para fijar al enemigo en el frente comprendido entre los puentes de Segovia y Andalucía, desplazando el núcleo de la maniobra hacia el noroeste para ocupar la zona comprendida ente la Ciudad Universitaria y la plaza de España, que constituirá la base de partida para avances sucesivos en el interior de Madrid”. Los fascistas habían descartado entrar en Madrid por los barrios populares en los que sabían que tendrían que enfrentarse a una gran masa obrera conocedora del terreno. Rojo, jefe del Estado Mayor, decidió enviar entonces al grueso de sus tropas a la Casa de Campo dejando unos 12000 hombres en Carabanchel para defender el ataque de distracción descrito por Varela entre los puentes de Segovia y Andalucía.

Tal y como estaba descrito en las órdenes de Varela, a la mañana del día 7 la Columna Castejón atacó en la Casa de Campo y Barrón se dirigió a Carabanchel. Sus regulares fueron contundentemente repelidos en ambos casos. Unos pobres obreros sin apenas conocimientos militares, superiores en número eso sí, habían detenido el primer asalto a la cuidad. El temible ejército de África había dejado de ser invencible. La inyección de moral alcanzó todo Madrid. Tras esta seria derrota, Varela decidió atacar el día 9 por Carabanchel. en una lucha casa por casa en la que los milicianos infringieron serias bajas a los regulares mientras la XI Brigada Internacional les hacía retroceder unos cientos de metros en el sector central de la Casa de Campo a costa de numerosas bajas. Los combates se sucedieron hasta que el día 12 Miaja decide mandar a atacar a la XII Brigada Internacional (con aún menos formación que sus camaradas de la XI y los milicianos) al mando del general Lucács y a otras 4 brigadas españolas. Este ataque resultó desastroso por el caos lingüístico entre italianos, franceses y españoles, y la escasa preparacion de los internacionales. Al final del día, los sublevados controlaban el cerro de Garabitas, punto más alto de la Casa de Campo ideal para bombardear Madrid, y los vértices de Paquillo y El Basurero en Carabanchel.

Rest.Madrid4 El 13 de noviembre se produciría el mayor combate aéreo de 1936 entre 14 Fiat CR32 “chirris” y 13 P-15 “chatos” sobre el Paseo de Rosales y el Parque del Oeste. el día 16 los JU 52 trimotores alemanes bombardeaban el Museo del Prado, el Antropológico, el de Arte Moderno, el Arqueológico, la Academia de Bellas Artes de San Fernando, la Bibiliteca Nacional y los hospitales de San Carlos, Provincial y de La Cruz Roja, en el famoso ataque inmortalizado por Malraux en L´Espoir y que se convirtió en el cartel usado por la República en el extranjero para denunciar los ataques fascistas sobre civiles. Se trataba de los primeros bombardeos sobre una gran ciudad. El poeta Pablo Neruda, que perdió su casa en los bombardeos, escribió:

Venid a ver la sangre por las calles,
venid a ver
la sangre por las calles,
venid a ver la sangre
por las calles!

RestMadrid5El ejército franquista consiguió romper el frente republicano el 19 de noviembre. Apoyados por la artillería pesada instalada en la Casa de Campo cruzaron el Manzanares y los hombres de Asensio ascendieron hasta la Escuela de Arquitectura, el Hospital Clínico San Carlos donde se produjeron encarnizados combates habitación por habitación, y la Casa Velázquez, consiguiendo los sublevados su máximo punto de avance, a apenas 500 metros de los primeros cafés de Madrid. Este mismo día 19 Buenaventura Durruti, que había instalado dos días antes a sus 3000 hombres en el Asilo de Santa Cristina, al pie del Hospital Clínico, recibe un balazo en el pecho en las inmediaciones del hospital, en la esquina de lo que hoy es la Calle de Isaac Peral con la Avenida del Valle, y moriría al día siguiente en el Hotel Ritz, a la sazón convertido en hospital. Existen diferentes teorías sobre el origen de la bala que acabó con Durruti, desde que le asesinaron sus colaboradores hasta que le mató un francotirador desde el clínico, aunque lo más aceptado por los historiadores es que fuera un disparo accidental de su naranjero al engancharse en la puerta del coche. Su muerte fue usada con fines propagandísticos por la Falange que afirmó que fue asesinado porque quería pasarse a sus filas.

Ante la brava resistencia de los madrileños a sus ataques, Franco se convence de que la toma de Madrid no es el ataque rápido certero que tenía previsto y desiste en su empeño. Los africanos habían dejado patente su incapacidad para le guerra regular ante un enemigo mal armado y organizado pero lleno de valor y entusiasmo y decide someter a Madrid a un intenso bombardeo aéreo a cargo de los Savoia 81 de la Aviazione Legionaria italiana y los Junker 52 de la Luftwaffe, y de artillería (Los madrileños llamaron a la Gran Vía ‘Avenida de Los Obuses’ o ‘Avenida de Quince y Medio’), en un ejercicio de guerra psicológica que lejos de desmoralizar a los madrileños les llenó de valor. Un solo JU 52 podía dejar caer hasta 36 toneladas de bombas en un solo día. Las bombas alcanzaron todos los barrios de la ciudad excepto el exclusivo barrio de Salamanca por lo que los madrileños se trasladaron masivamente a él. Las obras de arte del Museo del Prado se enviaron a Valencia en camiones del Quinto Regimiento. Los comités locales formados por el PCE se mostraron ahora muy útiles en la organización de la vida de los madrileños, construyendo refugios antiaéreos, realojando a quienes habían perdido su casa y encargándose de la intendencia en comedores de auxilio.

Rest.Madrid3 El metro se convirtió en el mejor refugio antiaéreo y en la mejor manera de enviar suministros al frente y tropas de relevo, aunque los madrileños prefirieran para desplazarse por la ciudad el tranvía porque “al menos paraba antes de llegar al frente”. Así los madrileños se adaptaron a vivir entre bombas, obuses y socavones hasta casi el final de la guerra, cuando el Coronel Casado y la facción “antinegrín” del PSOE liderada por Besteiro daban un golpe de estado contra el gobierno republicano y las tropas del anarquista Cipriano Mera tomaban Madrid. Pero eso ya es otra historia…

 

 

Guillermo Nevado @Droga_Oporu

 

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