El potro se hizo caballo

potro1Luca Di Lorenzi ha caído al suelo. Un gancho de izquierda de Poli Díaz le hace rodar por la lona en el quinto asalto. No hay cuenta, no hace falta. Estamos en Chiavali, Italia, el 30 de noviembre de 1988 y el Potro de Vallecas se acaba de proclamar campeón de Europa de boxeo del peso ligero.

El camino de un chaval del barrio de Palomeras hasta la cumbre del boxeo continental no fue fácil. Ningún camino que sale de Palomeras es fácil. Ni ninguno que salga de Puerta Bonita, o de Simancas, o de La Ventilla. El Potro nació en 1967, el sexto de los siete hijos de Nicolás y Antonia. Mal puesto para nacer, mala época para nacer, en mal sitio. El gimnasio apartó a Poli del ambiente que le rodeaba, heroína, delincuencia, marginalidad… en el que cayeron tantos chavales de su generación. Durante sus primeros años compaginaba el gimnasio y los combates con su trabajo de albañil. En el ring era rápido, inteligente, atrevido… cualidades que le llevaron a ganar el campeonato de España con 19 años, apenas 3 meses después de haber debutado como profesional.

potro2El éxito del potro llevó tras de sí a un montón de chavales de Vallecas que querían ser como él, acostumbrados a los golpes en la calle, pegarte en un ring no parece una mala salida si te vas a pegar con unas reglas, no pasas frío y encima te puedes hacer un futuro. Mientras los chavales hacían cola para entrar en el gimnasio por lo menos no la hacían para pillar un chute, por lo menos le hacían una finta a lo que la vida les había puesto por delante. Aquellos chavales querían ser como Poli como los de hoy quieren ser como Nadal mientras pegan raquetazos en el club de tenis.

España se le quedaba pequeña al Potro y en 1987 aparece en su vida, con la intención de hacerle disputar títulos internacionales, el empresario Enrique Sarasola. Sarasola fue un personaje oscuro donde los haya. Dedicado, entre otros negocios, a la venta de armas. Amigo de Carrero Blanco y de Felipe González (al que conoció en el año 74 a través de un agente de la CIA en España) y relacionado con el narcotráfico (Pablo Escobar acudió a la investidura de González invitado por Sarasola)

La relación con Sarasola fue en principio muy productiva para el Potro, siendo los mejores años de su carrera. Recluido en la finca que el empresario tenía en El Espinar (Segovia) Poli preparó su asalto al campeonato de Europa contra De Lorenzi entrenado por Ricardo Sánchez Atocha. Al cinturón conseguido en Italia se sumaron ocho defensas del título más entre 1988 y 1990 y en 1991 el combate contra Whitaker por el título mundial del peso ligero. Poli se había convertido en una estrella mediática nacional y había pasado de ser “el Potro de Vallecas” a ser “el boxeador de la Jet-Set” fiesta tras fiesta de la mano de Sarasola, la alta sociedad marbellí se divertía viendo al pez fuera del agua, con sus ocurrencias de chico de barrio. La alta burguesía, aburrida ,ociosa y decadente, había encontrado un juguete con el que pasar sus noches de fiesta. Eran los años del pelotazo, de Mario Conde, de Jesús Gil y de tantos otros. Usaron tanto su juguete que lo rompieron y acabaron con su carrera. Poli llegó a Estados Unidos para enfrentarse a Whitaker solo 10 días antes de la pelea, 7 kilos pasado de peso por los que estuvo sin comer y sin haber entrenado prácticamente nada. Aún así, pudo haberse llevado el cinturón en el último asalto, pero este fue para el estadounidense a los puntos. Apenas un mes después del combate, Sarasola dejó de ser su promotor y patrocinador, y dejó de ser invitado a las fiestas. Ahora era un perdedor.

El Potro siguió entrenando aunque sin competir un par de años, alternando el gimnasio con las discotecas, el lujo y la vida desenfrenada que había conocido los últimos años. Ahora su compañía eran rémoras que vivieron de su fortuna hasta que se agotó. Falsas amistades que le sacaron al Potro hasta la última gota de su ya manchada de heroína sangre. Algún combate ocasional, dos películas porno y alguna aparición en televisión fueron el último estertor de gloria del Potro antes de la caída en la marginalidad de la que le tuvo apartado el boxeo durante tantos años.

En 2011 el artista Omar Jerez presentó un vídeo con El Potro vestido de boxeador, saltando a una comba sujetada por dos hombres vestidos con un elegante traje negro. Poco a poco va perdiendo ropa hasta que solo le quedan los calzoncillos, desaparecen los hombres de negro, desaparece la cuerda pero Poli sigue saltando, solo, sin nada. Como dijo en una entrevista, “muchos no saben que sé que me han robado”. Poli acabó viviendo en el poblado de La Rosilla en 1998, con dos tiendas de campaña, una que usaba para vivir y otra para alquilar a otros toxicómanos para meterse un pico. Años de drogas, de navajazos, de detenciones, de peleas ya fuera de las doce cuerdas. De buscarse la vida recogiendo chatarra o haciendo de kundero.

potro3Si durante su plenitud cómo púgil nadie consiguió que hincara la rodilla, la vida tampoco le ha dado KO y el Potro se levanta golpe tras golpe de la mano de Eva, su actual pareja. Dice estar limpio tras haber participado en varios programas de desintoxicación. Ha trabajado como jardinero para el Ayuntamiento de Navacerrada y ha vuelto a trabajar en la construcción, por ejemplo en los túneles del AVE de Guadarrama, además de ofrecerse para entrenar a chavales que empiezan con los guantes.

Guillermo Nevado @Droga_Oporu 

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